cultura | 17 de Abril de 2021

Algunos libros que dedicó Miguel León-Portilla al estudio de la historia de Baja California. Foto cortesía Cecut

Por

Por 

Redacción
Tijuana, 17 de abril.- La vinculación primordial de Miguel León-Portilla con Baja California fue como estudioso de su historia, desde los primeros exploradores y la etapa misionera con Salvatierra y Clavijero, figuras a las que dedicó varios libros, aunque también se le reconoce como “promotor e impulsor de instituciones” en estas latitudes, aseguró David Piñera, investigador emérito de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Al participar en el ciclo de conferencias Historia de Baja California, organizado por el Centro Cultural Tijuana (Cecut), recordó el papel jugado por León-Portilla en la creación del Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC en 1975.

Mediante un convenio entre ambas instituciones, firmado por Guillermo Soberón Acevedo, rector de la UNAM, y Luis López Moctezuma, de la UABC; León Portilla, director del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, “fue factor fundamental para que se creara este centro” que 16 años después se convirtió en el Instituto de Investigaciones Históricas, del que Piñera Ramírez fue su director durante sus primeros 13 años.  

A lo largo de ese tiempo se publicó la revista Meyibó, “cuyo nombre es una palabra cochimí, uno de los grupos nativos de la región, y significa ‘tiempo de cosecha’ o ‘tiempo grato’”, acotó el conferenciante al recordar que León-Portilla era experto en las lenguas primigenias peninsulares y explicó que en el contexto de esos años la expresión “se entendió como tiempo propicio para la cosecha intelectual y de estudios”.

Piñera refirió otra publicación en que el papel de León-Portilla, su maestro, resultó definitivo: “Panorama Histórico de Baja California”, volumen que tuvo el objetivo de proporcionar una visión general de la historia de este estado que era bastante necesaria en la década de los 80 y fue uno de los productos significativos del Centro de Investigaciones Históricas.

La influencia benéfica de León-Portilla se manifestó también en el resto de Baja California, a la que estuvo vinculado toda su vida, cuando “siendo Embajador de México ante la Unesco intervino decididamente para que en 1988 se emitiera la declaración de la Reserva de la Biosfera del Desierto de Vizcaíno”.

Situada en Baja California Sur, la reserva posee más de dos millones de hectáreas y gracias a la declaratoria “se tomaron medidas para proteger estas áreas naturales que tienen especial valor”; importancia similar reviste la declaratoria de las pinturas rupestres de San Francisquito como Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo que obliga a su protección.

Otra muestra de las fructíferas relaciones que el laureado académico estableció con estas tierras tuvo lugar en 1995, cuando “León-Portilla junto con su esposa, Ascensión Hernández Treviño, decidió donar una colección de más de mil 500 libros, mapas y planos relativos a la historia de Baja California, al Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC”, expuso Piñera Ramírez.
 
Asimismo, en Ensenada, en los años 90, su intervención fue fundamental para que el antiguo edificio de la Aduana se entregara al Instituto Nacional de Antropología e Historia, refirió el historiador al explicar que el inmueble había sido propiedad de una de las compañías americanas de colonización que actuó en la península.
 
Para resaltar la estrecha vinculación que León-Portilla mantuvo con Baja California, el conferenciante refirió los libros que dedicó al tema, entre los cuales citó “Las lenguas indígenas de Baja California”, “Cartografía y crónicas de la Antigua California”, “Documentos para el estudio de Baja California en el siglo XIX”, compilados junto con José María Muriá, “La California Mexicana. Ensayos acerca de su historia”, “Loreto, capital de las Californias. Las cartas fundacionales de Juan María de Salvatierra” y “Baja California. Breve historia”, escrito este último en coautoría con el propio David Piñera.  

Recordó por último que en 2020, a unos meses de su muerte, ocurrida el 1 de octubre de 2019, se le rindió homenaje imponiendo el nombre del “eminente intelectual que amó intensamente Baja California” a una de las salas del Centro Estatal de las Artes en Tijuana.