cultura | 12 de Mayo de 2021

Escena de Peter Grimes, nueva producción de la obra estrenada hace 25 años. Foto Javier del Real / Teatro Real

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Armando G. Tejeda / La Jornada

Ciudad de México, 12 de mayo.- Madrid. Peter Grimes, ese personaje solitario que el compositor británico Benjamin Britten utilizó como vía para mostrar su desencanto por una sociedad cruel y severa, se erige en el constructor de un nuevo relato. La desesperanza ante la exhaustiva taxonomía de las turbas enardecidas por la sinrazón.

El Teatro Real de Madrid logró, en medio de una pandemia tan dolorosa como la que vivimos, hacer una nueva producción de una de las óperas más lúcidas y mordaces del siglo XX, en la que el ser humano que ve más a la intemperie que nunca frente al hedor frío y nauseabundo de una moralidad aliñada de la ceguera, del gregarismo irreflexivo de la masa enardecida.

El Teatro Real decidió hacer su propio Peter Grimes, una obra que sonó por primera vez en Madrid hace justo 25 años, cuando estaba recién inaugurado el nuevo edificio y que sirvió para empezar a dar a conocer en España y en Madrid a uno de los autores más admirados de la segunda mitad del siglo XX. Britten dejó escrito que "cuanto más depravada es la sociedad, más depravado es el individuo". Una máxima que se deja ver desde el prólogo, cuando se absuelve a Peter Grimes con su música y se le convierte en una víctima de la crueldad sin límites de una sociedad alineada a una doble moral que juzga y sojuzga sin piedad. Es, finalmente, la historia de un vecino de un pueblo pesquero en severa decadencia, en la que se percibe la melancolía y hasta desesperación en la que se encontraba el mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

La ópera, dividida en tres actos, se estrenó en 1945, en el Sadler’s Welles Theatre de Londres, cuando Britten contaba solo con 31 años. El libreto de Montagu Slater está basado en el poema de la colección The Borough de Crabbe George, una arenga contra el pensamiento único y la impostura de la doble moralidad de una sociedad atrofiada y sin rumbo. El propio Britten reflexionó en su día sobre el motor que había detrás de esta creación, su inspiración: "Fue el interés que sentía por la gente que no opina igual en un momento en el que existe una gran tendencia a la comunicación de masas y a que la gente piense casi lo mismo de las cosas. De hecho, Britten sufrió en primera persona las miradas suspicaces e inquisidoras por su homosexualidad y su pensamiento antibelicista, que podría ser precisamente la raíz de este drama que se ha erigido a su vez en un himno de libertad".

El director musical de Peter Grimes es el director Ivor Bolton, que en esta ocasión está acompañado por Deborah Warner, directora de escena, y por Michael Levine como responsable de la escenografía, y Kim Brystrup de la coreografía. En las voces, de Peter Grimes se encarga Allan Clyton, un tenor inglés que ha actuado en espacios emblemáticos como la Royal Opera House de Londres, la Bayerische Staatsoper de Münich; la soprano sueca Maria Bengtsson es Ellen, la amiga de Peter Grimes, quienes son a su vez los dos personajes centrales de la ópera.