21 de Enero de 2021

El último lector
Rael Salvador

José Efrén Zavala Rivera (1942-2011), en sus sueños de arquitectura milimétrica, fue un artista espiritualizado por la creación, que meditó la belleza a través de la microescultura, para entregarnos una colección que satisface la necesidad de una poética, de una historia y de una mitología.

Buscar lo divino por la vía de la creación, es encontrarse con lo inefable, coincidir con todas las místicas, con el vasto misterio de las religiones y adquirir la obligación de materializar lo sublime.

La nada, que hace ilusión con la forma, nos permite ver su grandeza.

Y esto lo resuelve el cosmos, como lo advertía el escritor Carlos Mongar: “Las microesculturas de José Efrén Zavala Rivera, son como los mundos nuevos, tienen que ser vividos, antes que explicados”.

Sabe el creador, el artista, el hacedor –quien transmuta, en la alquimia de su ser y hacer, el espíritu en realización–, que lo inesperado siempre sucede…

José Efrén Zavala se volvió pequeño por si la grandeza lo soñaba.

Sabía que en el sueño no existe la ley de la gravitación, como tampoco existe la muerte.

El poeta sueco Artur Lundkvist le da la razón: “Igual que en un sueño, en lo poético una tonelada no puede esclavizar a un gramo, ni tampoco un gramo esclavizar a una tonelada”.

Sí, el poema es el último ángel esculpido que nos queda. Lo sé de memoria, que hasta en el mundo onírico puedo repetirlo: la belleza abre los ojos a los niños sin ley que hay en todo adulto.

Y cuando la ingravidez sutil de su obra nos eleva, las alas se nos hacen visibles. ¡Un breve destello transformado en una gran alegría!

¿Qué es el tiempo? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es el tamaño?

Hacerlo y que no esté ahí, representar sin presentar. La materia no es necesariamente física, pero todo lo físico es materia (quizá perceptible, como la imaginación materializada).

El ojo recrea el Universum en el cosmos de la pupila… Y la única sabiduría digna de aprenderse es la siguiente humildad: que la obra del artista sea su propia vida.

Ya lo decía: se necesita grandeza para admirar la pequeñez de estos portentos esculpidos en una noble y sencilla tiza. Quimeras de la sensibilidad y el misterio que esparcen, desde la otredad –con inadvertida prudencia–, copos de gis moldeando una realidad que apenas si imaginamos.

Comprometo la palabra a la revelación y es José Efrén Zavala quien logra el corpus a voluntad, descubriendo lo que el gis posee de joya.

La eternidad no existe. Existe la memoria. “Haber levantado toda la noche Himalayas –Y llamar a eso sueños”, sentenciaba en su oración Cioran.

El escultor se convirtió en su obra, esplendor en las formas musicales del aire y la materia, y el escritor, el amigo, cuando escribe para él, trata por todos los medios de parecerse a lo que escribe.

Alivio en la contemplación de la belleza.

raelart@hotmail.com

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Imágenes tomadas de la cuenta de Facebook Jose Efren Zavala Rivera